SOFIA

 

Sofía podría ser un personaje literario, o en estos tiempos de postmodernidad, un personaje virtual. O quizás ninguna de las dos cosas.

 
Lo que si es, es un viejo texto que en papel amarillo abrace hace mucho. Habla de la amistad. Y quiere ser en mi pequeño actuar, un agradecimiento a todos vosotros y vosotras, amigos y amigas.

 

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Sofía escribió, escuchando al fondo la música de Alba, para ellos dos. Ernesto y Alba, dos amigos, dos almas construidas para no olvidarse, para no separarse:


"Me gustaría deciros, tantas y tantas cosas. Niebla, revolución, lluvia. O quizás no, simplemente estar junto a vosotros, y guardar silencio, como los desaparecidos. Sentir que estáis ahí, cerca. Cuando nos vemos, siempre hay gentío. Sordos, en verjas. Todos quieren contarme cosas. La situación me desborda. Suenan muchos timbres de puertas. Quisiera que nosotros tres tuviéramos una especie de código secreto, que no se pudiera cifrar por el resto. Sin certezas. Quizás solo para decirnos, estoy aquí. Soy pájaro, soy luz, soy sombra. Se os echa mucho de menos. Sobrevivientes. No quiero vuestra ausencia. 

Echo de menos la sonrisa abierta, fresca, ruidosa de ella. La ventana, la nube, la siembra. Echo de menos la sonrisa mas silenciosa, en ocasiones socarrona, en ocasiones sincera de él. El sur, la brújula, la bandera. Ya no las siento cuando llego. Desaparecen vuestras últimas palabras. Aunque todavía tengo la suerte, de que no se han borrado de mi memoria. Son sangre, son rostro, son vida. Pero tengo miedo. El tiempo es un bálsamo que alivia heridas, que ayuda a cicatrizar los jarrones de la vida. Pero es traicionero, es pirata, es ausencia. Borra rostros, miradas, sonrisas. Quema, arde, quebranta recuerdos. Muchas veces se torna enemigo de la memoria. Esa que odiamos a ratos, y que a ratos amamos.

Yo querría una pócima secreta, a trocitos, para poder probarla con vosotros, para que el tiempo no pasara. ¿Os gustaría beber conmigo?. Os invito. No me dejéis. Sé que no podéis estar aquí. Sois manos, sois piernas, sois cuerpo. Pido que vuestro recuerdo no me juegue esa mala pasada, os quiero conmigo, siempre.Aunque todo cambie. En algún sitio, en el rio grande. 

Os quiero risueños. Tú quitándote el pelo de la cara. Tú, con el cejo fruncido buscando una explicación. Tú, con el aire de la prisa resoplando, diez minutos tarde, aún con la cara de sueño. Tú, moviéndote por el pasillo, con calma, tranquilo”. 

Un abrazo amigos y amigas.

 

PD: Tambien en esta ocasión para a puntalar las emociones os recomiendo escuchar la musica de "Palabras para Julia", de Paco Ibañez.

LA LUZ EN EL BOSQUE.

 

Ha sentido la necesidad de sentarse, tranquilo, paciente, a escuchar al silencio. Para pensar, para recordar y traerse de su ayer aquellas sensaciones que merecen ser rescatadas del tiempo pasado. Sentado se ha puesto a escribir. Ha intentado ver la luz en el bosque. Solo su música, quiebra la caza al vuelo de partes de sus líneas de memoria. Tantos momentos compartidos, tanto sentir. Y otras tantas confesiones no hechas. 


Guardaron para ellos, pensamientos, formas de obrar y algún sentimiento. Quizás por miedo o porque todos necesitamos tener nuestros secretos. Se conocieron hace algunos años. Pronto podrán decir que han compartido una década de sus vidas. Juntos dejaron la niñez y se convirtieron en adolescentes, en jóvenes inquietos, hoy ya serán un hombre y una mujer. 

 

El cabello rubio llego a su colegio. Había marchado, había dejado atrás el miedo. Aunque las personas como ella nunca escapan, siempre buscan nuevos retos y un hilo de felicidad. Pronto se convirtió en alguien muy especial, su compañía, sus consejos. Siempre fue distinta del resto. Una amiga abrió las puertas de sus interiores. Aquel viaje, la inocencia. Juntos lloraron, saltaron, aunque también hubo intolerancia. Después, aquel verano. Una larga calina que en ocasiones parece no haber llegado a su fin. Sus sentimientos crecieron y se enraizaron en su interior. Y a veces, él cree que aún se siguen extendiendo. Pero sobre todo aquel día. La confusión logro destrozarle. Él, entendió que podría prescindir de muchas historias, pero nunca podría permitirse perderla. Por ello se aferro a la amistad, igual que también hizo ella.

 

Y Sofía. Callada, sería, inmutable. Quien parecía hacerles la vida imposible, cambio sus días. Dejo la apariencia y saco ante ellos lo mejor de sus vidas. 
El tiempo, bronco y sin perdón paso y dejo huella, en especial para ella. Es su silencio. De ese tiempo, él, rescato las horas compartidas, su egoísmo y una petición de perdón. Nunca más volvería a hacerlo. Y dos imágenes. La una, un sueño, dormida en el mecer de la noche, disfruto de su paz. La otra, las siempre lagrimas de la memoria. 


Pasaron los meses, los días, las horas. Se separaron. Él sintiéndose solo. Ella enamorándose de la triste ciudad. Se visitaron. Siempre hubo algo que les atraía fugazmente. Y en la visita otra vez aquellas sensaciones. Escribiendo emborrachado de nuevo la vio dormir y vio sus ojos brillar. Pero aquel no fue un viaje cualquiera, fue el principio del fin. Si es que ese fin algún día le llega. La inercia del movimiento empujo a su pasado y dejo andar al presente.


Un presente con luz, con calor. Donde las llamas de unos candelabros, le hacen sentir bien. Y hasta él se cree capaz de escribir aquello que tanto sintió, que siente. De coger un bolígrafo encontrado en un rastrillo y con el trazar la media luna con la que ella hizo un llavero. Dejando paso a la noche. No a una de tantas, sino a aquella, en la que los duendes le dejaron besar sus labios. 
Olvidándose del ayer y del mañana y perdiendo los días. 

Un abrazo.