Nací en Madrid, un 28 de Mayo en 1977. No se muy bien porqué, mis padres Juan y Teresa, decidieron que la capital de España sería mi lugar de alumbramiento, aunque quienes me conocen saben que de madrileño y castizo tengo poco. Soy mas bien de pueblo (y me gusta serlo). En concreto de un pueblo manchego cuyo nombre es Pedro Muñoz, en la provincia de Ciudad Real. Donde dicen algunos cánticos que se encuentra el "Corazón de La Mancha" y nace la "Rosa de los Vientos".

 

Y en este pueblo, en el que sigo viviendo, transcurrió mí infancia y mí adolescencia, acompañado de los que hoy todavia son mís mejores amigos y amigas. Gentes con las que he compartido escuela e instituto, y con quienes pase horas y horas jugando y luego de mayorcillos, como se dice por la tierra, conversando y conversando, en lo que es un lugar especial para mí, La Ermita. Santuario situado enfrente de casa, donde, de no tan joven, contraje matrimonio con la que hoy es mi pareja y compañera, Rosa. 

 

De la infancia tengo muchos recuerdo buenos, y como es normal también algunos mas bien malos, pero en estas líneas solo quiero resaltar tres familiares y simbólicos.

 

Uno, el olor a madera, viruta y serrín, del taller de carpintería, donde veía trabajar a mís tios y a mi padre.

Dos, las partidas de brisca con la abuela Encarna, de la que aprendí a escuchar historias, narrativas y guiones de vida.

Y tres, la suerte de haber tenido dos madres. La natural, aquella que se fue a dar a luz a su único hijo varón a Madrid, la señora Teresa. Y su hermana, mi Tia Marú. Con la que vivimos hasta que murio, persona grande donde se busque, de corazon enorme y de ternura hermosa. Hoy, las dos ya no me acompañan. Mi Tía, porque el cancer se la llevo, demasiado rápido, demasiado a prisa. Y Madre, por que su alzheimer y su enfermedad mental, no me deja disfrutar de ella, como yo quisiera.  

 

De la adolescencia, que recordar..., juergas, risas, carcajadas, y alguna canción de bar, como las de Barricada, Celtas Cortos o Medinazahara. Esta última, canción de rito, para un grupo de amigos que en cada fiesta y en cada despedida, tararean al viento, por el amigo que en esos años nos dejo, enseñandonos de forma brutal, de que va esto de la vida. 

 

Tras el Instituto, marche a Albacete a estudiar, con apreturas, como bien recuerdo siempre que las cosas van jodidas, y luego a Madrid, a seguir formandome y buscando un futuro, que si os dáis cuenta, más bien nunca acaba de llegar.

 

La enfermedad de la Tia Marú me hizo volver a casa, para pasar con ella sus últimos meses de vida, y ya asentarme definitivamente con mi pareja en el pueblo. Donde he vivido como el Quijote mas de una aventura, contra gigantes, que al final, no eran más que viejos molinos de viento, que ya ni muelen harina. Defendiendo, las ideas de una vieja organización obrera, en la que mi abuelo lucero de profesión, enseño a leer y a escribir nada mas llegar a la Villa, desde mis otros origenes salmantinos. 

 

También como buen manchego dicen, soy amigo del vino y de las buenas viandas. Auqnue por salud, uno cada vez tiende a cuidarse más. Aunque ha ser verdad siga encontrando como mejor dieta, la conversación con los amigos, entorno a un buen caldo y unas buenas gachas con tocino o una calderera. Descanso del guerrillero, que cansado de tanta lucha, tiene que de vez en cuando parar...