LA “NUEVA NORMALIDAD” QUE NO SERA NORMAL.

 

Aunque pueda ser difícil de creer, no aprendí sobre el contenido de este post, ni en clases de Filosofía, ni en clases de Historia, lo aprendí en clases de Hacienda y Sistemas Tributarios.

Un viejo profesor, día tras día, durante todo el curso a las 8 de la mañana comenzaba con el siguiente mantra:

 

“Todo lo que voy a explicar hoy, se asienta sobre una verosimilitud. Mañana estaremos vivos, mañana todo será normal. Señores y señoras esto va de pensar”.

 

Así, día tras día, hasta el examen final.

 

 

Raro para iniciar unas clases de Hacienda y Sistemas Tributarios, pero una verdad, de las pocas que existen. En estos días la frase ha vuelto a mi memoria.

 

 

Escucho en los medios de comunicación y a muchas personas, sobre todo en las redes sociales (a los robot no les presto atención) varias ideas:

Una,  cuando esta pesadilla termine, volveremos a la normalidad.

Y dos, llegaremos a fases y con desescalada, a una “nueva normalidad” deseada.

 

 

La pesadilla es el Covid-19.

 

Lo de normalidad es un genérico que pierde, más que orienta.

 

Y eso de la “nueva normalidad” es ya una pasada de frenada, que se nos intenta trasladar por parte de los constructores de relatos, a través de quienes relatan lo que se les ha construido.

Y sí, esto es una crítica al Presidente del Gobierno que sustenta mi partido.

Y como veréis, por cierto, nadie me la va a censurar y borrar.  

 

Presidente, deja de seguir los susurros de personas que no han estado nunca en nuestro marco ideológico.

De morir (en sentido figurado), que mejor, que morir con los nuestros. Es una enseñanza de un viejo militante de la agrupación socialista de mi pueblo, que ya no está entre nosotros.

 

 

Para el resto, despierten si quieren o sigan durmiendo, pero esto no va a suceder. Esa normalidad de la que se habla, ya no va a estar ahí, ni vieja, ni nueva. 

 

 

El futuro que se imaginan, no va a ser. Porque entre otras cosas el futuro nunca ha existido. En todo caso, nos tocará construirlo como siempre ha sido, como individuos y como colectividad.

 

 

La ostia recibida es una ostia con mayúsculas y global. Esto no es una manera de hablar coloquial (que pudiera serlo) sino una manera de explicar, a groso modo, que las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales, que conocíamos nunca volverán a ser las mismas.

 

 

Repito, despierten si quieren o sigan durmiendo.

 

 

El futuro que parecía estar ahí, sin más, se ha quedado atrás. Ahora es pasado.

 

 

El desconcierto se explica, porque nunca, algunos y algunas (o más bien muchos y muchas) pensaron estar en un momento histórico como éste, en donde lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer. No era cosa que tuvieran en sus mentes, ni cuestión que les perturbara  los sueños, nunca se atrevieron a leer sobre ello.  

 

 

Hoy no hay certezas a las que nos podamos agarrar falazmente, más allá, de la certeza de no saber que será del mañana. Quizás como siempre ha sido, quizás como nunca lo habíamos percibido.

 

 

El ideal ilustrado de progreso, el capitalismo de consumo y el crecimiento hasta el infinito y más allá (pilares de nuestro estilo de vida) se han venido abajo, por un virus. Este virus no es más devastador que una gran guerra, pero sutilmente está minando las raíces de nuestras creencias y eso acojona. No sabemos que ideales vendran y eso da vértigo consciente o inconscientemente. De aquí la explicación de muchos comportamientos que hoy se pueden ver.

 

 

Sé que es misión de los responsables públicos y políticos, mandar mensajes de esperanzan y de ilusión, aunque solo sea para que no entremos en histeria y atentemos unos contra otros. Pero si en todo el globo han sido incapaces de calibrar el nivel de incidencia de lo que iba a pasar en nuestras vidas, con todos los mecanismos que están a su alcance. Olvídense de que puedan dibujar siquiera unos trazos para los próximos meses, no por incapacidad, simplemente por imposibilidad. Ni la big data, ni la inteligencia artificial que se maneje va a dar con las claves, porque esto va de otra cosa.

 

 

Esto es una cuestión de cultura e ideología (en sus acepciones más amplias), es una cuestión del pensar, que decía el viejo profesor. Esperar que los políticos de turno, den con un bálsamo de fierabrás, sería un error garrafal. Porque esto no va solo de ellos, va también de nosotros.  

 

 

Éramos contingentes y no queríamos reconocer cuánto.

 

 

Sé que lo fácil es culparles, yo he sido político. Los políticos como cabezas de turco son un clásico en la historia de la humanidad, pero… ¿muerto el supuesto perro, se a cabo la rabia?

 

 

No les eximo de responsabilidad, al contrario, cada uno/a tendrá que asumir la suya. Pero todos y todas debemos hacer un examen de conciencia, de esos que invita la Iglesia a realizar de vez en cuando.

 

 

A mi juicio, todos y todas, y digo todos y todas, tenemos algo que ajustar. No serán los mismos grados y medidas, pero llegar hasta aquí, no ha sido cosa de un puñado de hombres y mujeres que ejercen la política. Seamos sinceros, ha sido cosa de todos.  

 

 

Sé que es duro asumir esto que digo, y encima asomarse al futuro, a ese que creíamos íbamos a tener, y no ver nada, pero es lo que hay.

Señores y señoras, esto es la vida, va en serio, como siempre ha sido y será.

No busquemos la evasión haciéndonos trampas al solitario.

 

 

Esa normalidad deseada, no será normalidad. Esa realidad estará llena de nuevos significantes y significados. La vida empieza si no de cero, si de nuevo.

 

Esperemos que nuestros gobernantes elegidos bajo el paraguas de la democracia acierten en su misión. Pero no olvidemos que solo con nuestro esfuerzo y sacrificio, con una exigencia individual y colectiva extraordinaria, el futuro se acercará. Lo dicho, esto va de todos y todas, esto no va solo de ellos y ellas.

 

 

La democracia, el progreso, el desarrollo, nuestros derechos, la libertad, por poner algunos ejemplos, nunca fueron un regalo del político de turno que pasaba por el lugar. Fueron conquistas sociales, ciudadanas, de personas normales y anónimas que se hicieron responsables de su destino, inclusive que dieron su vida por un mundo mejor. No lo olvidemos y empecemos a labrar.

 

 

Tendremos que reconstruir nuestros conceptos de vida, de vecindad, de cercanía y de lejanía. Determinar qué papel debe jugar lo público y lo privado en la economía, en la sociedad y en nuestras vidas. Habrá que revisar de nuevo, a ese agente libre y misterioso que algunos llaman mercado. Ese que dicen, todo lo cura con su mano invisible, pero que se desvanece cuanto más firme debiera estar desde que existe, como ahora, con ésta crisis.

 

 

Y sí, esto va de cultura y de ideología. No se hagan los despistados porque todos las tenemos, otra cosa es que entronquen o no con determinadas concreciones asumidas por unos partidos políticos, grupos sociales sean de un signo o de otro. Repito, todos tenemos ideología, todos nos movemos en un marco cultural determinado, aunque algunos, o no quieran reconocer el suyo, o no sepan hacerlo. 

 

 

Ha llegado uno de esos momentos históricos, que cada hornada de hombres y mujeres tienen que enfrentar, y siendo el primero no será el último, por ejemplo para mi generación.

 

 

Aviso a navegantes que hay que empezar ya ha gestionar el miedo y la ansiedad, las perdidas y el decrecimiento, la desigualdad, los reproches, las culpas y las alabanzas. Todo con la máxima responsabilidad individual y colectiva posible.

 

 

La narrativa de lo que está pasando se escribirá como siempre desde diferentes ángulos, aristas, puntos de vista y opiniones. La realidad es la que es, pero la manera de interpretarla es la que cambia.

 

 

La narrativa de lo que viene, será tan alta como seamos capaces de elevar.  Nada está escrito.  

 

 

En el rio revuelto de estos tiempos, los pescadores de una u otra orilla tendremos que estar atentos.

 

 

Yo tengo claro donde situarme para coger el pescado. Estaré en el lado de la defensa de una ciudadanía en condiciones de igualdad en derechos y obligaciones, en el lado de la democracia basada en la madurez del pueblo, culto, que no instruido. En el lado de la democracia como mejor fórmula de gobernanza posible, a nivel social, pero también en empresas, en las familias y a nivel global. Me posicionaré en el lado de la cohesión social, en el lado de la libertad con responsabilidad, en el lado de cuidar a la madre tierra. Estaré en el lugar de la vieja fraternidad internacionalista. Estaré junto a la reconstrucción de una vida en la que se viva mejor, viviendo con menos, de palabra, de obra y de acción. Estaré primero liderándome a mí mismo, para poder servir a los demás. Más cercano, más tierno, más robusto.

 

 

Me encontrareis donde siempre he estado, aunque ese sitio ahora este muriendo y no se sepa dónde nacerá el nuevo lugar para poderme encontrar. Pero tener seguro, que allí estaré, esperando a que lleguéis, os daros un abrazo. Tierno, honesto, humilde, fraternal.