NO SON HEROES, SON SERVIDORES PUBLICOS.

 

No tengo intención en estos días de confinamiento de levantar polémicas, pero tampoco tengo la intención de guardar silencio. Escribir es una forma de viajar, liberarse y dar sentido a los días.

 

 

Como siempre el objetivo de mis líneas navega entre el reconocimiento público que quiero expresar a personas y el plasmar reflexiones.

 

Estas reflexiones las lanzo, para que cada uno/a de manera singular y como parte de las colectividades en las que nos vemos incrustados/as, pueda crecer y tomar consciencia. Ya sea ésta, desde el acuerdo con mis planteamientos, desde el desacuerdo, inclusive desde la confrontación directa y bronca, si fuera menester.

 

 

Leo, escucho y veo en estos días, remarcar la labor de médicos/as, enfermeros/as, auxiliares, ejercito, policía, guardia civil, dependientas/es de supermercados, camioneros/as, limpiadores/as, enterradores/as y un largo etcétera, como una “labor heroica” en tiempos de guerra, contra un virus desconocido. Y la verdad, no me gusta nada. No son héroes, son servidores públicos.

 

 

Convertir a estas personas en héroes puede ser un error importante de apreciación, porque los significantes están llenos de significados y los héroes son más personajes que personas, y cuando pasan de moda, dejan de ser ensalzados.

 

 

Los servidores públicos son otra cosa, y es cierto que en estos días parecen estar hechos de otra pasta, pero cuidado, porque no es así. Son personas como tú y como yo.

 

 

Los héroes vuelven a sus cuevas, o a esos lugares escondidos que tienen para descansar de sus hazañas y gracias a sus súper-poderes se rehacen pronto, salvo criptonita que los amague.

Mientras que los servidores públicos, vuelven a casas normales, como la tuya y la mía y necesitan descansar del sobreesfuerzo hecho.

Estos servidores públicos están necesitados, sobre todo ahora y cuando pase la tormenta, de mucho apoyo psicológico, que sin ir reñido del apoyo moral que la sociedad les da, no es lo mismo.

 

 

Cuidado también, porque en el imaginario colectivo de los niños y niñas, los héroes son lo que son, y estos niños y niñas serán quienes tomen las decisiones sobre los servidores públicos del futuro. Y si no se les explica bien, de que va esto de la heroicidad y el servicio a los demás, podremos tener problemas.

 

 

Los servidores públicos son otra cosa, y forman parte de otra estructura diferente a la de los héroes.

 

 

Los héroes podríamos decir que forman parte de las estructuras interestelares de una u otra forma.

 

 

Los servidores públicos forman parte de la estructura del Estado, ese constructo que las mujeres y los hombres  libres, fraternos e iguales nos damos para evitar que unos nos matemos con los otros (aunque ha sido imposible lograrlo en todo tiempo y lugar).

 

El Estado es ese pacto común entre personas civilizadas que tiene que salvaguardar, con la aportación de todos y todas, de una u otra forma, nuestro bienestar (sin exclusiones).

 

 

Los héroes por cierto no cobran y los servidores públicos sí.

 

 

Los sueldos de los héroes como mucho, salen en cantidades astronómicas de las arcas que recaudan sus películas y todo tipo de artilugios de marketing que pueda ser vendidos, cuando son interpretados por humanos.

 

 

Los servidores públicos cobran un sueldo, que salen de nuestros impuestos, esos que no queremos pagar.

 

 

Los servidores públicos son gestionados desde la estructura del Estado (en sus diferentes formas) por otros servidores públicos, que tampoco nos caen muy bien, los políticos.

Muchos, justos, que pagan por los pecados de otros que son basura ciudadana. 

 

 

Sé que éstas son líneas controversiales,  en tiempos como estos, pero cuando oigo hablar tanto de héroes en estos días que se dicen de guerra, se me vienen a la cabeza, muchas imágenes que me hacen renegar de utilizar este calificativo. 

 

Porque la historia nos ha enseñado muchas veces, por no decir todas, que cuando se ha hablado de héroes, por ejemplo de guerra (de las de matar) pasado el tiempo, esos héroes han sido olvidados y abandonados por la sociedad. Vietnam,  Correa, la Segunda y la Primera Guerra Mundial, nuestra Guerra Civil, las guerras desconocidas del Tercer Mundo (esas que salen poco en los telediarios), los Balcanes…

 

 

Casi todos los soldados de esas contiendas fueron considerados héroes en los momentos de la batalla. Casi todos los soldados de esas contiendas fueron abandonados a su suerte, cuando  la batalla terminó.

 

 

No podemos permitirnos hacer eso con nuestros servidores públicos. El Estado tiene que ser fortalecido, porque es la última fortaleza que no debe caer.

 

 

Hablar del Estado no es hablar de una entelequia, sino que es hablar de las personas concretas que lo conforman. Las personas que lo sirven. Y también somos Estado todos los demás, como ciudadanos que participan de su vida democrática, de su sostenimiento y de su desarrollo. El Estado somos todos.

 

 

Lo otro que hay, es la jungla o el mercado (para los más ortodoxos). Ese que se dice se regula solo por fuerzas invisibles de la oferta y demanda, que atiende a razones muy  racionales, pero que en la práctica nunca funciona así, y menos cuando hay crisis que lo acechan. Y para muestra el botón de esta crisis y los mercados de productos sanitarios.

 

 

No soy de los radicales que piensan que solo puede haber de lo uno o de lo otro, creo en la convivencia, pero con matices.

 

 

Protejamos antes la vida que la bolsa. Porque cuando la vida corre peligro, la bolsa no tiene sentido.

 

 

Seamos impecables con el lenguaje, porque el lenguaje crea realidad. Reconozcamos a nuestros servidores públicos, ahora y siempre. No caigamos en convertirlos en héroes, que pasen al olvido, una vez que la batalla sea salvada.