NOS CREIMOS ESPACIALES. ERAMOS CONTINGENTES.

 

Este post, no tiene la intención de levantar polémica.

 

Estas líneas, pretenden invitar a una reflexión colectiva e individual, en estos días extraños, en los que sobrevivir es un arte.

 

Quién me ha conocido y ha charlado conmigo, con cierta profundidad, aunque haya sido a veces rodeados de vino de La Mancha, gachas, calderetas y unas hierbas y “brebajes digestivos”, les sonaran estas palabras.

 

Estas reflexiones nunca se me han quedado dentro, por mucho que el interlocutor, poco o nada escuchara, estuviera de acuerdo o manifestara su oposición. Ahora las traslado aquí, en estos tiempos de confinamiento.

  

Nuestros mayores y los mayores de nuestros mayores, a través de generaciones y generaciones, nos trasladaron un legado curtido en las circunstancias que vivieron.

  

A mi juicio, un legado no completo, para que cada uno de nosotros y nosotras tuviéramos la obligación moral y vital de repasarlo y revisarlo, de ponerlo en valor. La finalidad de estas historias incompletas, era hacernos madurar como individuos y como sociedad. La intención, que pudiéramos nosotros mismos, tomar consciencia de lo que teníamos y de lo que nos faltaba. De lo que había que luchar, defender o cambiar.

  

Entre líneas, esos legados dejaban entrever, que nunca sus vidas fueron fáciles, y menos las circunstancias históricas, políticas, económicas y sociales que les tocó vivir.

 

La Democracia no era tan perfecta. La Transición tenía claros y oscuros. La Dictadura no fue tan mala para unos, ni tan buena para otros. la Guerra Fría se sintió lejana y también cercana. La Guerra Civil no solo iba de bandos y banderas. En la II Guerra Mundial la neutralidad no fue tan neutra. La II República existió como un periodo que no se supo digerir y a veces se quedó a medias. Y así, etapa, tras etapa, viajando en ese pasado macabro, que nunca llegamos a entender y juzgamos peor y superado.

  

Esto ha dado lugar, a que algunas personas hayan intentado comprender y completar los legados dados. Pero ha sucedido más, que la gran mayoría no se hayan preguntado nunca, porque media España por ejemplo, quiso matar a la otra media, o porque la España vencedora, decidió someter a la otra mitad menguada, hablando solo, de algunas décadas más cercanas en el tiempo y de nuestro país.

 

Esto hizo que nos creyéramos especiales. Más inteligentes que cualquier otro antes, más listos que la maestra de las maestras, la madre tierra.

 

Nos creímos especiales, tan especiales, que pensamos que nunca nos tendríamos que enfrentar como sociedad y como individuos a una batalla total. Nos creímos, que nuestras vidas colectivas y en gran medida individuales, quitando la mala suerte, serian siempre mejores. Pero no era cierto, éramos contingentes.

  

Éramos contingentes y en algún momento la historia pondría enfrente de nosotros, como a toda la humanidad a lo largo de los siglos, su prueba de fuego.

  

Aquí está.

Cada uno y cada una, seguro tendrá su explicación de lo que está sucediendo.

 

La mayoría pondrá el foco en lo que le sea más fácil de abordar. Uno hace lo que puede con lo que tiene.

Seguro que serán explicaciones, en general de blancos y negros, de buenos y malos, donde no caben los matices, ni los grises y donde por desgracia haya poco espacio para la autocrítica y para asumir las responsabilidad colectiva e individual de lo hecho y de lo no hecho.

 

El Covit-19 es un fenómeno poco explicado hasta el momento, desde los diferentes campos de las ciencias, pero va cargado metafóricamente de un potente significado vital. De un mensaje que debemos saber leer.

  

Para mí, tiene una explicación sistémica.

La tierra, como ser vivo se está defendiendo de la especie y de la generación, que más daño le ha hecho nunca.

Las sociedades políticas, que nacieron para que los hombres no se mataran y la especie pudiera seguir reproduciéndose en paz, han construido una globalidad sin límites y sin capacidad de respuesta. La libertad, nunca debió ser libertinaje, ni siquiera para el capital o para el mal. Siempre tuvo que llevar aparejada una responsabilidad que se olvidó.

  

Aquí esta nuestra batalla total.

  

La batalla contra un virus que es invisible, en el momento histórico, político, social y económico donde la imagen, la fachada y lo superficial, es lo que más cuenta, lo que más se ve. Donde el tener, es más que el ser. 

  

La batalla contra un virus que traspasa fronteras en un momento histórico, político, social y económico, donde después de mucho tiempo y mucha sangre, se pretenden levantar de nuevo muros de contención y exclusión.

  

La batalla contra un virus que mata sin distinguir clases sociales, políticas y económicas, en el momento donde más desigualdad hay entre seres humanos.

  

No estamos ante una época de cambio. Era un cambio de época.

 

Una nueva etapa en la historia del mundo y de nuestro país, donde más nos valdrá aprender y cambiar. Abrazar y cuidar. Porque somos contingentes.

  

Una nueva etapa en la historia del mundo y de España, donde nos tendremos que ganar el respeto de la madre tierra, donde tendremos que luchar por nuestro futuro, por nuestros derechos y por nuestro pan.

  

Una nueva etapa en la historia, donde tendremos que vivir mejor, viviendo con menos.

 

Nos creímos especiales. Éramos contingentes.