DE PERDEDORES Y CONVERSIONES

 

España no es país para los perdedores, para quienes se han equivocado, para derrotados. Aunque de manos de estos y estas llego la democracia a nuestra nación, tanto en 1931, como en 1977. Cosas de la España “diferent”.

 

Para quienes hemos sido derrotados, para quienes hemos perdido, para quienes no hemos conseguido todos los objetivos, para quienes hemos errado, no hay mucho espacio en la política de esta nuestra tierra.

 

Nuestros argumentos, aún bien meditados, aún bien construidos, aún bien hilvanados, se combaten y se desechan rápidamente con un: “ya…, pero tu perdiste, tu erraste, fuiste derrotado, tú no conseguiste llegar al lugar donde ibas…” y punto y final. Así te contra-argumentan aunque nunca sepan cual era tu norte, cual era tu propósito y para que lo hacías. Curioso este país con los perdedores.

 

Mientras en todo nuestro entorno, los Anglosajones, la Europa Central, la Europa del Norte, los Países Emergentes, los Tigres Asiáticos y la cuna del marketing político U.S.A., el error, el perder, el equivocarse es considerado como un aprendizaje. Aquí no. Aquí no cabe ninguna lección.

 

Equivócate rápido y barato. Pivota sobre tus errores. Testea, falla… son prácticas que ni en el mundo de la empresa están bien vistas en España. Aún menos en política. Sálvese la excepción de Sánchez (que sabéis no es uno de mis referentes a seguir) que a espabilado a más de uno y de una y nos ha enseñado algo nuevo, por lo menos a mí.

 

Llegan las elecciones municipales del 26M, y aunque este artículo puede ser leído por cualquiera, va dirigido a mis muchos amigos y amigas de partido, que se presentan. A todos los compañeros y compañeras de formación política, que el próximo día D se juegan el desembarco en las playas de sus “Normandias”. Porque como decía mi camarada que en paz descanse, Manolo Porrero, el día D es para la infantería.

 

Una infantería que tiene que conocer el territorio que pisa, palmo a palmo, metro a metro, calle a calle, casa a casa, vecino a vecino, de su mesa electoral. Para así, desde el conocimiento poder avanzar y ganar cada milímetro de esa playa soñada. Una infantería que de no haber sido bien entrenada, será abatida más temprano que tarde.

 

Y aquí vuelvo a analizar a los gringos en aquello que poco han contado de sus campañas, que tanto nos alucinan. Las famosas campañas electorales de Obama y de Trump, construidas con las lanas del big data, de las redes sociales, del tráfico web y de todo un mundo encriptado para el común de los mortales, han dicho poco de sus tasas de conversión, que es de lo que va esto de ganar y perder elecciones (y bien hablo desde las magulladuras de las carnes propias).

 

Porque convertir igual que cuando uno compra y paga en internet, es lo que tenéis que conseguir amigos y amigas, compañeros y compañeras. Convertir los programas, los me gusta, los comentarios, los halagos, las veces que se han compartido vuestras cosas.

 

No os perdáis en la maraña de un mundo online, porque el voto que cuenta es el voto que entra.

 

El voto que entra en la urna el día D, de quien fuera de ese espacio cibernético, se levanta por la mañana, o después de comer, o al despertarse de la siesta. Que va a su colegio electoral entre chato y chato, entre caña y caña, entre risa y risa. El madrugador, el perezoso y el tardón. 

 

Y no olvidéis que también ese día D, el voto que entra es el voto al que sutilmente acompañamos a la playa, o empujamos si hace falta.

 

Mucha suerte y gracias. Al menos, esta vez, por leer.