LLEGARON LOS ESPERADOS

 

Casi 40 años (como dicen los chunguitos) en espera a que aparecieran y cuando salen a la luz con representatividad parlamentaria y cierta vigorosidad social ¡¡¡zas!!!, parece que han pillado a todo el espectro político por sorpresa. Y digo parece, porque no creo que haya sido así.

 

No me creo que ningún partido político es sus sedes nobles, no tuvieran datos demoscópicos cuantitativos, cualitativos y/o de análisis de redes y tráfico web, que no les mostraran esa emergencia. Otra cosa es que estos partidos no supieran lo que hacer ante lo que venía, o sabiendo lo que hacer lo hayan hecho mal y el efecto haya sido envolvente, pero saber lo sabían.

 

Yo no voy a calificar a Vox con ninguna de esas categorías que se están utilizando a diestro y siniestro, y no lo voy hacer por varias razones:

 

-        La primera, porque si verdaderamente lo son, los ciudadanos y ciudadanos lo saben y lo sabían cuando depositaron su confianza en ellos, por lo que redundar no serviría nada más que para que algún despistado se espabilara.

 

 

 

-        La segunda, porque son unas categorías tan manidas, tan mal utilizadas a lo largo de estos 40 años de democracia, tan manoseadas y tan ligeramente expresadas que han perdido a mi juicio el verdadero significante y el impacto que éste podría tener, ante una ciudadanía que se dice así misma democrática.

 

 

 

-        Tres, porque el ejercicio de pedagogía histórica y política que requeriría explicar que es cada una de esas etiquetas, con sus matices y sus sombras, va más allá de un artículo de opinión de las características de éste. Y prefiero que quien tenga curiosidad investigue y saque sus propias conclusiones.

 

 

 

Como sabéis quien me conocéis, no comparto con esta formación política ni uno de sus planteamientos, ni en lo práctico ni en lo ideológico, pero no por eso les voy a negar una capacidad política que están demostrando.

 

Llegaron a emerger hace poco, inclusive en un contexto europeo en el que partidos parecidos a ellos ya lo habían hecho. El ahora, y no el antes, es cosa de ésta nuestra España diferente.

 

No han llegado solos. Vienen, quizás como se fueron, de la mano de los americanos del norte. Los gringos siempre tienen la tentación de hurgar en los contextos socio-políticos y económicos ajenos, y cuando los Elefantes están en la Casa Blanca, esa tendencia gringa se eleva a la enésima potencia. Europa es una zona que les interesa desestabilizar y España es una puerta más de entrada al viejo continente.

 

De ellos, de Vox, me preocupa, más que el por qué les ha votado la gente, el para que lo han hecho. Es un matiz importante, puesto que los porqués anclan al pasado y los “para que´s” proyectan al futuro.

 

Esta es una reflexión que dejo escrita en estas líneas, de cara a poder establecer estrategias para el confrontar político, para desactivarlos lo antes posible.  

 

Además, indagar en los “para que´s” elimina de raíz esos argumentos poco consistentes que leo de vez en cuando en la prensa, de que los votos le vendrán a Vox:

 

-        Porque están de moda más allá de las ideologías (cuando su propuesta es profundamente ideológica)

 

-        Por el descontento de los ciudadanos con la clase política (cuando su líder lleva en esto de la política desde que le salieron los dientes)

 

-        Porque es un voto rebelde (cuando es la opción más conservadora que hay en el tablero)

 

-        Por Cataluña (como si la gente no supiera que le da de comer y que no, en que creen y en que no lo hacen)

 

-        Porque los medios de comunicación, así en general, los sacan muchos (cuando estos señores utilizan una estrategia de comunicación fuera de esos medios clásicos)

 

-        O por no sé qué de la corrección política (cuando son tradicionalistas al máximo), etc, etc, etc …

 

Argumentos todos estos, que creo despistan más al personal de una reflexión seria, y hacen que los ciudadanos y ciudadanas no piensen por sí mismos.

 

Yo no soy consultor político, ni asesor de nadie, pero veo que la situación de partida nos pone ante razones de una raíz más profunda y estructural, que las antes mencionadas.

 

Razones como creo que son, el cambio de marco conceptual del debate público, el miedo a una realidad que no se acaba de entender, el odio al y a lo diferente, y la cultura y la identidades (en sentido amplio) como fuentes de refugio en tiempos convulsos. Explicar cada una de estas razones, me llevarían otros tantos artículos, pero creo que así queda claro, que esto va en serio.   

 

De las líneas anteriores y sus rápidas reflexiones, apunto a los compañeros/as de partido que quieran leerme y escucharme, y a los ciudadanos y ciudadanas de izquierdas (que no se pueden quedar al margen de esta contienda) que los frentes de batalla que debemos abordar, trinchera a trinchera, casa a casa, familia a familia, amigo/a a amigo/a deberían girar a mi parecer en torno a:

 

-        No gastar toda nuestra munición en los discursos sobre las políticas sociales. Aun sabiendo que desprenderse de parte de este baluarte, de cuidar las diferentes situaciones que pueden darse en las condiciones materiales de vida de las personas (por nuestra inspiración marxista) es un sacrificio, pero creo que es necesario.

 

Gastar toda la munición dialéctica que tenemos en el ámbito de la defensa de las políticas sociales y sus cuestiones concretas, puede ser un error, aunque sepamos que estas son esenciales.

 

Estas políticas y muchas de sus medidas no pudieron parar el golpe de la crisis económica (aunque si amortiguarlo) y ahora después de la crisis no están revertiéndose con el suficiente ritmo para mejorar las condiciones de igualdad y de cohesión social de nuestra sociedad. Hay que revisar muchas de ellas, hacerlas eficientes y cargar armas cuando seamos capaces de lanzar el ataque.

 

Además, este flanco de batalla, se puede abastecer un poco menos, porque hemos tenido la suerte que al abrazarse Vox, a los estrategas gringos, ha hecho que la vieja justicia social de José Antonio (que los podría haber inspirado), no aparezca en la escena y eso nos hace salvar algún peón, torre o caballo de la partida. Vox se dice neoliberal y eso da a la izquierda un poco de aire en estos temas.  

 

-        Los mayores esfuerzos los tenemos que hacer en construir relatos contra el miedo, contra el odio. Relatos llenos de valores universales, de prudencia, de humildad y de coherencia. Discursos que pongan de manifiesto en lo emocional, que nos tenemos que volver a acostumbrar a la incertidumbre de un futuro incierto y que de nuevo nada está hecho, nada esta escrito, que hay que ganarse el pan y la vida, día a día. Porque va a ser así y porque forma parte de nuestra identidad y nuestra cultura política viene de ese marco conceptual, de sacrificio y esfuerzo, que no nos pueden robar los últimos que han llegado.  

 

Esta incertidumbre no es nada nueva en la izquierda, porque ésta nunca tuvo asegurado su futuro y no por ello renuncio a su lucha. De hecho, esa incertidumbre alimentaba las emociones y los deseos de una sociedad más justa y más igualitaria por la que combatir, fabrica a fabrica, escuela a escuela, Cada del Pueblo a Casa del Pueblo. Valores, emoción e historia, para enfrentarse al futuro. Y Vox esta avanzando por esas líneas de defensa nuestras. 

 

Relatos y discursos que impidan que la sugestión y la seducción, puesta en marcha en estos meses por los “esperados” de Vox, hagan que nuestros conciudadanos sean inducidos a amar su sometimiento. Porque el modelo de sociedad que plantea esta formación es más cercano a mí juicio a eso, que, a la represión y al empuje a la obediencia, o la tiranía, que algunos en nuestras filas les están atribuyendo, creo que de forma poco acertada.

 

 

-        Tenemos que buscar referentes éticos y morales en nuestras tropas. Gentes sencillas en las que se transparenten nuestros valores de igualdad, libertad y fraternidad, de no ostentación, ni de progresismo de salón. Gentes de bien y de coherencia en sus modos de vida, entre lo que piensan y lo que hacen, en cómo viven. Gentes que nos emocionen al vernos en ellos y en ellas. Gentes de nuestro entorno que debemos poner en valor. Y gentes de nuestra izquierda que deben ser nuestros faros de luz. 

 

 

Estos, nos deben servir de espejo para reflejarnos y de espejo para reflejar. A lo Ramón Rubial, a lo Julián Besteiro, a lo Rafael Alberti, a lo Lorca... a tantos y tantos.  

 

Estas figuras (que no figurantes) nos permitirán huir de muchos intelectuales y expertos que nos han anidado y que están compitiendo en nuestros batallones por ver quién es más certero a la hora de predecir nuestros errores, y en quien muestra más visceralidad con los horrores que Vox nos traerá.

 

-   Tenemos que ser capaces de repensar nuestro internacionalismo, sello de nuestra identidad como izquierda, porque, aunque no lo creáis, eso nos hará ver más clara nuestra idea de España, la federal, la de sus pueblos, la de sus gentes. No podemos ver al igual como diferente, al pobre extranjero como un competidor de las miserias de una sociedad global e hipermodernizada.  Porque además seriamente, y siendo sinceros, todavía no le hemos dado una respuesta de gobernanza y de reparto de la riqueza en condiciones, a este nuevo mundo.

 

No podemos ver diferente al igual, y considerarlo un enemigo, trabajador como nosotros. Tenemos que salir de esa contradicción que nos destruye y que nos empobrece ética, moral e ideológicamente.

 

-        Debemos retomar la pedagogía de la conciencia de clase, aunque esa clase ahora sea otra, aunque haya cambiado sus modos de vida, y su bienestar. Seguimos necesitando de nuestra fuerza de trabajo para ganarnos esa nueva forma de vivir con más calidad, y eso no lo podemos hacer olvidar. Habrá que adaptarla a los nuevos tiempos, pero no dejarla pasar. 

 

 

-     Hay que abrir el gobierno al pueblo, de manera literal, ser más transparentes y participativos en nuestra gestión diaria, cuando estamos en las instituciones y cuando estamos en nuestras Casas.  Que el pueblo no vea opacidad donde nunca la tuvo que haber. Que el pueblo pueda decidir donde nunca se le debió quitar el poder de decisión. Que ni una mancha de corrupción nos salpique la gamarra.

 

 

 

PD: Gracias amigos y amigas por leerme. Gracias compañeros y compañeras, por dedicar al menos un momento de vuestro día a día a un rato de reflexión.