"MASTERES DEL UNIVERSO" Y EL GRAN UNIVERSO DE LAS PERSONAS

 

Cuando acabé mis carreras, me hubiera gustado cursar un Doctorado Universitario en la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, aquel universo me fascinaba, pero no pude hacerlo.

 

 

En aquel entonces tome una decisión personal de calado, ya que la vida me estaba interpelando con la enfermedad de mi tía Maru.

 

 

Embarcarme en ese deseado Doctorado, me privaría de compartir los últimos meses de vida de la tía, que tenía cáncer, por lo que decidí cambiar aquella opción por realizar un Master en la Complutense, de Investigación y Desarrollo Local.

 

 

El Master me permitía por su estructura, estar martes, miércoles y jueves en Madrid, y viernes, sábado, domingo y lunes en el pueblo, durante 1 año.

 

 

Quería estar sin dejarlo todo, lo más cerca posible de la enfermedad de la tía, apurando los últimos suspiros de vida de quien fue para mí como una segunda madre.

 

Recuerdo perfectamente las clases, los viajes, las prácticas en Coslada, las sesiones de quimio, las visitas al médico, los ingresos hospitalarios, los ratos de conversación con ella sobre la muerte, el trabajo final de Master. Guardo por supuesto mi título y hasta mis notas a mano de las clases, y a hierro y a fuego en mi memoria aquellos días.

 

 

Fue un master becado, y si bien es cierto que la documentación administrativa del mismo no la tengo localizada, porque mi despacho es un universo en continuo caos, si busco, la encuentro.

 

 

Después, ya trabajando, y gracias a un viejo ritual con el que ahorro el 10% de aquello que gano para dedicarlo a formación, he cursado otros 4 Master (dos dobles títulos). En Dirección y Administración de Empresas (en EUDE-Escuela de Negocios y en el Centro Universitario Adscrito a la Complutense Escorial María Cristina) y otros de Asesoría de Empresas (en la Universidad de Alcalá de Henares y en la Escuela de Negocios CEUPE, estos últimos on-line).

 

 

Y no solo mi formación se ha nutrido de Post-grados, sino que además he realizado otros muchos cursos de menos enjundia y otras muchas acciones formativas dentro de lo que se conoce como Educación No Formal o Educación Popular (otro universo que os invito a descubrir). De todos tengo los trabajos realizados, los apuntes tomados y la documentación que justifica que page por ellos, además claro está de los correspondientes títulos.

 

 

A ellos además le puedo sumar el Título Oficial de Gestor Administrativo, que previo examen, otorga el Ministerio de Administraciones Públicas. Este examen lo realice en unas aulas de la Complutense, en Ciudad Universitaria, con otros cientos de aspirantes y guardo por supuesto la correspondiente documentación, mi título y además hoy ejerzo como tal (colegiado de forma reglada), aunque son muchas otras las actividades que realizo.

 

 

Y sí, en estos meses me habéis visto poco el pelo, porque he cursado un Programa de Postgrado de Desarrollo en Coaching Dialógico en el IDDI-Instituto de Desarrollo Directivo Integral de la Universidad Francisco de Vitoria. También tengo toda la documentación localizada, aunque de este es más fácil porque es más reciente.

 

 

Me acuerdo de cada una de estas experiencias de formación, porque sus buenos cuartos me han costado, y sus buenos esfuerzos he tenido que hacer para ahorrarlos. Teniendo que dejar al margen de mi vida, caprichos, actividades de ocio, juergas y demás adquisición de bienes materiales, para poder llegar siempre a ese 10% de ahorro que me permite mi actividad formativa continua.

 

 

Aprender es una de las cosas que más me llena y me realiza, una de las que más sentido da a mi propio universo de vida. 

 

 

Por eso, cuando ahora leo lo que leo de algunos políticos (curiosamente la mayoría de la derecha más acomodada y conservadora) se me vienen a la cabeza muchas ideas.

 

 

Por necesidad no lo hacen, quizás lo hagan por complejos, o por demostrar que ellos están por encima de todas estas cosas mundanas y llenas de sacrificio para el común de los mortales. Su universo quizás sea otro.

 

 

Pero a la critica que sobre ello se hace, le quiero poner un toque personal, un acento que no estoy escuchando.

 

 

Es cierto que estas actitudes pueden desmoralizar a quienes hemos pasado por esos Master a base de sudor y lágrimas, y a quienes ahora en un contexto bronco y duro lo están haciendo. Que las tripas se remueven de ver la falta de decencia que tienen, y la poca ética que practican.

 

No podemos dejar de denunciar a estos canallas, pero tampoco podemos renunciar a lo que ellos no tienen, y debemos ponerlo en valor.

 

 

Ellos, no han interiorizado el valor del esfuerzo y el sacrificio por lograr aquello que quieres alcanzar desde humildes familias. El valor de lo aprendido en las horas de clase, de estudio y de la realización de trabajos. Las horas de conversación con personas humildes y trabajadoras como tú, que desde sus universos también te enseñan. Las grandes lecciones de esos grandes profesores.

 

 

Y sobre todo, no han vivenciado el valor de las relaciones humanas y de los encuentros que, a raíz de haber estado con presencia plena en esas actividades formativas, uno se lleva ya en su mochila para toda la vida. Ese calor es una energía brutal.

 

 

Los saludos, los besos y los abrazos. Las risas, las anécdotas, las carcajadas y las lágrimas.

 

 

El contacto humano con personas que te tratan y a las que tratas de igual a igual. El encuentro con el otro, diferente y diverso, como tú. 

 

 

Momentos únicos que hacen que estos seres humanos que te has encontrado en el camino de tu vida, compartiendo aprendizajes, que vienen a veces de universos muy alejados del tuyo, pasen a formar ya para siempre parte en forma de trocito en tu memoria y en tu corazón, de tu biografía de vida.

 

 

 

PD:

 

Especialmente dedicado a mis compañeros y compañeras del Programa de la Universidad Francisco de Vitoria. A esos Coach Dialógicos entrañables, tiernos y enormemente generosos. A quien me empujo a hacerlo, Pedro, y a quien me ha acompañado en los viajes, Yolanda.

 

 

Y por supuesto a mi mujer, Rosa. Que es al fin y al cabo quien más sufre mis ausencias.