Elogio al Banquero del Oeste

 

El título engaña.

 

Este post no va ni sobre las clausulas suelo, ni va sobre los abusos en la banca con los que ha robado a las clases populares.  Ni de otras sinvergüencerías llevadas a cabo por esas “instituciones” que dicen ser las salvaguardas de la economía y de la paz social.

 

Este post va de la amistad.

 

Los dichos populares hablan, de que los amigos son la familia que uno elige.

 

Estoy de acuerdo con la frase, pero yo la matizaría apuntando que, también a veces son ellos y ellas quienes te eligen a ti, o te llegan en segunda oleada por cuestiones de parejas. 

 

También se dice en los mentideros, que si se tienen más amigos de los que se pueden contar con los dedos de las manos, estas clasificando y categorizando mal. Que hay amigos y amigas que te sobran. Porque la amistad solo se puede contar con esos pulgares, índices, anulares, corazones y meñiques. Pero sobre este dicho no estoy de acuerdo.

 

Yo tengo un número bastante importante de amigos y amigas, y todos y todas me aportan algo, y algo de mí, está construido desde su aportación vital a mi mundo. Y sin duda estoy orgulloso de ello.

 

Pero hoy quiero señalar en especial a uno de esos compañeros de viajes.

 

Muchos no lo conoceréis y otros, aunque sí que tengáis constancia de su existencia, igual no lo identificaréis por este apodo: “El Banquero del Oeste”.

 

Un tipo curtido en ese espacio metafórico de grandes zonas de praderas y a la vez de grandes lugares de tierra, desierto, roca y piedra dura.

 

Un tipo que ha mordido el polvo en muchas ocasiones, y que viajaba hasta hoy, de poblado en poblado, con su viejo caballo, su rápido revolver y un antiguo rifle.    

 

Pero creo que “El Banquero del Oeste” ha dejado esa vieja vida de forajido, y ha encontrado a alguien con quien compartir el viaje por esas tierras inhóspitas, ahora en caravana. Y esa es una estupenda noticia.

 

No es fácil dejar de asaltar diligencias, para pasar a construir una relación de confianza a llanura abierta.

 

Pero la chica de esta historia merece la pena. Me gusta.

 

Tuvo su bautismo de gracia con nosotros, en el “ok corral de La Mancha” la noche más temida del año, y cumplió. Así que tiene toda nuestra bendición para poder usar el lazo y atar en corto a ese “Banquero del Oeste”, a quien tanto apreciamos.

 

De él aprendí a vivir la vida con algo de inconsciencia y valentía, con desparpajo. A multiplicar los peces y los panes, bajo el milagro del trapicheo controlado. A apostar todo a una mano en la ruleta, cuando ya no te queda casi nada en la otra. A ser intrépido en la vida.

 

  

 

PD:

 

Espero que nos queden muchas noches de cabaret y de wiskis en la barra de esas tascas que tanto nos gustan.

 

Pero que haya muchas más noches de compartir confidencias y banquetes, de repartir botines de vida con nuestras chicas, Banquero del Oeste.