EL BAR DE "PIPES" PASA A LA CLANDESTINIDAD

 

Nos despedimos como nos encontramos. Aunque lo nuestro, no fue un encuentro casual tal cual, porque ya veníamos de lejos frecuentando el Bar de Pepe. 

 

Y nos fuimos como llegamos, con una ración de oreja frita, otra de higadillas, unos vinos y el picor en la lengua y el gaznate de los Santos Caracoles de Juanito, junto con el abrazo y el choque de copas de los “regentaores” de ese bar de pueblo pueblo“.

 

Aunque no quisimos despedirnos con un adiós sino con un “hasta luego”. Porque uno nunca se despide de su casa y de su gente.

 

Dicen que han sido 10 años. Nosotros vivimos con intensidad los primeros momentos, como si no hubiera un mañana, o porque la intuición nos decía que el mañana qué si vendría, estaría cargado de negro.

 

Días de cañas interminables y jornadas de más de 12 horas de Bar… ´Ya te digo…¨. De encontrar “a la gran la masturbación”, siempre el primero en el rincón debajo de la tele, viendo con el dueño y unos cuantos botellines, cual Barcelona-Real Madrid, un partido de pin-pong… o de lo que fuera.

 

De celebrar victorias y derrotas, éxitos y fracasos, individuales y colectivos. De fin de despedidas y casi no bodas.  De ternera a la salsa, de cochinillos asados o de espuertas de manitas de cordero.

 

Luego llegaron los momentos malos, esos con los que te interpela la vida y que te pillan a pie cambiado. Los que te hacen a fuerza de sustos, reorientar las prioridades y la gestión del tiempo. Pero no por ello, dejó de haber un hueco, aunque escaso, para acudir a la cita con el rincón sagrado.

 

Disculpas por los momentos no vividos, por quienes nos esperaban y no nos vieron llegar. La vida a veces se vuelve bronca y no deja mucho margen de maniobra a los desvalidos, hay veces que no deja de llover, y el viento solo trae noches más espesas.

 

Pero seguro que nos volveremos a encontrar, aunque ya no seamos los mismos.

 

Los acordes de guitarra siempre nos llevaran a lugares comunes, el aroma a vino y buena comida, no se podrá cortar, porque esa es una de nuestras señas de identidad.

 

 Agur Bar de Pepe… o mejor dicho, hasta la próxima, porque seguro que nos veremos en algunos encuentros clandestinos.